Escuchar artículo

El proyecto se inicia desde una teoría de sistemas que abarca el control financiero y el control operacional, los cuales se retroalimentan. Así, el sistema de control queda constituido por dos subsistemas destinados al perfeccionamiento de la actividad pública y a su adecuación con su «deber ser».

Una auditoría que no logra motivar la mejora de la gestión, simplemente no es auditoría

La Legislatura también es una institución de fiscalización. Controlar es, de igual modo, una manera de gobernar: se gobierna mandando y se gobierna controlando.

Esta es la gran responsabilidad de la oposición y de las minorías, pero en última instancia, es la responsabilidad de todos.

Por estos días se puede leer o escuchar cómo políticos camaleónicos definen a la Auditoría casi explícitamente: «la voy a usar para disciplinar a mi oposición». Lógicamente, «disciplinar» es un término de corte oligárquico, muy utilizado por la casta de la política salteña.

El espíritu original de la modificación de esta institución de control externo ha caído tan bajo que hoy se utiliza como una simple herramienta de ataque contra aquel a quien le mandaron golpear.

La Legislatura debe cumplir su rol: tiene que legislar y también fiscalizar. Como dicen al jurar: «Que Dios y la patria me lo demanden», a lo que agregaría: y que el pueblo también lo haga en las urnas.

Autor: admin